lunes 8 de agosto de 2011

Pan de leche en panificadora

Desde hace unos meses tengo una panificadora. Estoy haciendo muchos experimentos y, hasta ahora, todo funciona de maravilla. La muestra está en esta última receta que he preparado.

En internet se pueden encontrar infinidad de fórmulas para hacer el pan y, en base a una de ellas, he preparado mi propia receta de pan de leche. Como podeís ver, ha quedado muy esponjoso y alto, con respecto al sabor, os tendreís que fiar de mi: exquisito. Aquí la receta.

Ingredientes para un pan de 1kg (aprox.) en panificadora de Carrefour.
300ml de leche desnatada
500g de harina de fuerza (yo uso Harimsa)
40g de margarina (o mantequilla)
25g de levadura de panadería
1 cucharadita de sal
4 cucharadas de azúcar

Elaboración: Incluir en la cubeta los ingredientes en el orden descrito. Poner la máquina en el programa 1, con el tueste al máximo y el tamaño en grande.

Cuando se encuentre en la última fase de levado, pintar con huevo batido la parte superior del pan.

Para disfrutar en cualquier momento del día. La próxima vez probaré a incluirle extracto de vainilla, un poco más de azúcar y frutos secos, creo que va a quedar muy parecido a un panettone. Ya os iré contando.

domingo 7 de agosto de 2011

El modo de mamar


"A naides tengas envidia,
Es muy triste el envidiar,
Cuando veas a otro ganar
A estorbarlo no te metas
Cada lechón en su teta
Es el modo de mamar".

Esta es una de las enseñanzas del Viejo Vizcacha, personaje que aparece en el libro de José Hernández "Martín Fierro", poema narrativo escrito en verso en el año 1872, obra literaria calificada por Leopoldo Lugones como "el libro nacional de los argentinos".

El Viejo Vizcacha es el tutor del segundo hijo de Martín Fierro que, a través de sus consejos, deja entrever un trasfondo ladino, mañoso y con una visión negativa de las cosas.

En esa dualidad nos deja cosas geniales. Genial José Hernández.

martes 20 de julio de 2010

Los Nuggets de Jamie

"La revolución gastronómica de Jamie"
video

viernes 2 de julio de 2010

Cuento infantil para leer antes de dormir

Hace muchos, muchos años, en un precioso pueblo perdido en algún sitio, vivía un hombre al que le encantaba cocinar. Se pasaba los días preparando excelentes platos de todo tipo: carnes asadas, estofadas; pastas, legumbres, pescados, sopas, postres y confituras.


Se sentía enormemente pleno en su vida, tenía una pequeña granja con animales que le brindaban, leche, huevos y sus propias carnes para preparar. También una pequeña huerta bien surtida.


Fue así que un día decidió compartir sus quehaceres con los demás.

Pensó- ¿porqué no poner un restaurante? ¿Porqué no compartir mis platos con la gente de este pueblo y los visitantes?


Se entusiasmó. Preparó todo precipitadamente pero no sin buen gusto y cuidado. Al poco tiempo abrió sus puertas.


La gente acudía regularmente, salía satisfecha y contenta, por fin encontraban un sitio agradable, con buen trato, donde podían pasar confortables ratos de buena charla y por supuesto, mejores comidas.


Un día, un señor del pueblo, malhumorado y agrio de carácter, vaya a saber uno por qué circunstancias, reclamó la presencia del cocinero.


Sí señor, ¿que desea?, preguntó amablemente nuestro amigo.


-Mire señor, resulta que esta pasta no está bien hecha.


-No entiendo, ¿a qué se refiere?


-No se, no sabría decirle, pero no está como a mi me gusta…


-Bueno, eso es difícil. Uno hace las cosas los mejor que puede, precisamente esta mañana he salido a comprar todos los ingredientes necesarios para preparar mi menú. Harina del molino de mi amigo Juan, del mejor trigo de esta zona, tomates y cebollas de mi huerto, huevos de mis gallinas. Yo mismo preparé la masa, la dejé reposar, preparé la salsa, con esmero, como siempre. La he probado y no sabe diferente a lo que solemos servir habitualmente.


-Si, pero está… muy suave, muy, no sé explicarlo, diferente a lo que estoy acostumbrado a comer, esto no me gusta. La cara de desprecio del cliente era cada vez más notable, no encontraba razones, que a deducir, provenían más de otra parte que del propio plato que tenía frente a el.


Al ver esto, el cocinero no dio más explicaciones y dijo: Señor, no se preocupe, es norma de esta casa que nuestros clientes se vayan contentos, por eso, coma y beba lo que usted quiera y luego márchese, invita la casa.


El hombre no dijo nada, comió y bebió a placer y luego se marchó sin siquiera saludar.


La historia trascendió. Los pueblerinos comentaban el hecho. Un día un pícaro vecino de dientes grandes y ojos pequeños, repitió la historia, -¡Esto no está como a mi me gusta! reclamó. El cocinero actuó de la misma manera, sin salir de su asombro y asumiendo su culpa.


Los vecinos, con abyecto afán, acudían sin resquemor a reclamar "que su comida no era lo que ellos esperaban"


Toda la gente comía descaradamente y se iban sin pagar. Unos pocos, generalmente amigos del cocinero, intentaron ayudarlo y apoyarlo frente al engaño del resto.


El cocinero afligido, al tiempo, cerró su restaurante. No han entendido nada, pensó, no se merecen mi cocina, no se merecen nada bueno.


Con el tiempo, pocos recordaban la historia del cocinero y su restaurante, esa vieja estancia de cristales rotos y cortinas rasgadas que sirve de albergue a las ratas.


Muy de vez en cuando, al pasar cerca de la granja del cocinero, se ve salir humo de la chimenea y parece que el lugar se perfuma, se percibe en la brisa esencias de canela y limón.


Los personajes de esta historia son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


Ilustración: Crepúsculo - Maxfield Parrish

lunes 21 de junio de 2010

Un cordero, dos pollos...






Sábado 19/06/2010


Un cordero de 15kg, 6h, mucha leña de pino, dos pollos y cuarenta personas felices.


¡Salud!


Pd.: El experimento: preparé pan a la parrilla y fue un éxito.

Hablo solo de comida, las botellas que cayeron, es otro tema.

martes 1 de junio de 2010

Memoria relacional


Gus, sentado a la izquierda:


- Siempre me ha sorprendido como funcionan los sentidos en conexión con la memoria.

Quiero decir, este estofado es sólo una amalgama de ingredientes. Tomados por separado, estos ingredientes solos no me recuerdan nada.

Nada en absoluto.

Pero, en esta exacta combinación el olor de esta comida, instantáneamente, me devuelve a mi niñez. ¿Cómo es eso posible?


Walt, sentado a la derecha:


- Básicamente, todo ocurre en el hipocampo. Se forman las conexiones neuronales. Los sentidos hacen que las neuronas emitan señales que vuelven a la misma parte del cerebro, como antes, donde se aloja la memoria.

Existe… algo, llamado memoria relacional.

No cite lo que he dicho, mi biología está oxidada.


- Eso es muy interesante.

Walter, me gustaría ayudarte, si pudiera.


- ¿Ayudarme como?


- Bueno, cuando empecé, cometí muchos errores. Más de los que me gustaría admitir.

Ojalá hubiera tenido alguien para aconsejarme, porque esta vida que llevamos puede descontrolarse.

Tú eres ahora un hombre rico. Y uno debe aprender a ser rico. Todos pueden manejar ser pobres.


- ¿Qué consejo tienes para mí?


- Nunca cometas dos veces los mismos errores.


Breaking Bad. 3º temporada, capítulo 11.